
ESTUDIO 2
¿HAY ALGUIEN QUE NOS ESCUCHE?
IDEA CLAVE
Dios siempre escucha y responde nuestra oración, sin embargo no lo hace necesariamente de la forma en que nosotros deseamos. Todas nuestras oraciones y peticiones deben estar siempre subordinadas a que el Señor cumpla su voluntad.
TEXTO BASE
- “Señor, tú escuchas la oración de los humildes, tú los animas y los atiendes” (Salmo 10:17)
- “El Señor cuida de los hombre honrados, y presta oído a sus clamores. El Señor está en contra de los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo. El Señor atiende al clamor del hombre honrado, y le libra de todas sus angustias” (Salmo 34:15-17)
- “Puse mi esperanza en el Señor, y él se inclinó para escuchar mis gritos; me salvó de la fosa mortal, me libró de hundirme en el pantano. Afirmó mis pies sobre una roca; dio firmeza a mis pisadas. Hizo brotar de mis labios un nuevo canto, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, se sintieron conmovidos y pusieron su confianza en el Señor” (Salmo 40:1-3)
- “Oh Dios de Sión, ¡Tú eres digno de alabanza! ¡Tú mereces que te cumplan lo prometido, pues escuchas la oración! (Salmo 65: 1-2)
- “Llámame y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y misteriosas que tú ignoras” (Jeremías 33:3)
- “Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre” (Juan 14:13)
- “Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre.” (Juan 15:16)
- “Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios es necesario creer que existe y que recompensa a quienes le buscan.” (Hebreos 11:6)
- “Pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento lleva de un lado a otro. Quien es así, no crea que va a recibir nada del Señor, porque el que hoy piensa una cosa y mañana otra, no es constante en su conducta.” (Santiago 1:6-7)
- “Si yo tuviera malos pensamientos, el Señor no me habría escuchado; ¡Pero el me escuchó y atendió mis oraciones! (Salmo 66:18 y 19)
- “Pero las maldades que habéis cometido han levantado una barrera entre vosotros y Dios; vuestros pecados han hecho que se cubra la cara y que no quiera oíros.” (Isaías 69:2)
- “Si permanecéis unidos a mí. Y si permanecéis fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará.” (Juan 15:7)
- “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, Él nos oye. Y así como sabemos que oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.” (1 Juan 5:14-15)
- “Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor y le hizo esta promesa: “Señor todopoderoso: si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, y lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo. Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; sólo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, y le dijo: ¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino! No es eso, señor –contestó Ana-. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fermentada, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. No pienses que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida. Vete en paz –le contestó Elí-, y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido. Muchas gracias contestó ella. Luego Ana regresó por donde había venido, y fue a comer, y nunca más volvió a estar triste. A la mañana siguiente madrugaron y, después de adorar al Señor regresaron a su casa en Ramá. Después Elcana se unió con su esposa Ana y el Señor tuvo presente su petición que ella le había hecho. Así Ana quedó embarazada, y cuando se cumplió el tiempo dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor.” (1 Samuel 1: 10-20)
- “Por eso, para que no creyera yo ser más de lo que soy por haber recibido revelaciones tan maravillosas, se me ha dado un sufrimiento, una especie de espina clavada en el cuerpo, que como un instrumento de Satanás vino a maltratarme. Tres veces le he pedido al Señor que me quites este sufrimiento, pero el Señor me ha dicho: “Mi gracia es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra mejor en los débiles”. Así que me alegro de ser débil, para que en mí se muestre el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuanto más débil me siento, tanto más fuerte soy.” (2 Corintios 12: 7-10)
- “Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: -Sentaos aquí mientras yo voy más allá a orar. Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse muy triste y angustiado. Les dijo: -Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quedaos aquí y permaneced despiertos conmigo. Y adelantándose unos pasos, se inclinó hasta el suelo y oró diciendo: -Padre mío, si es posible, líbrame de esta copa de amargura: pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Luego volvió adonde estaban los discípulos, y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: -¿Ni siquiera una hora habéis podido permanecer despiertos conmigo? Permaneced despiertos, y orad para no caer en tentación. Tenéis buena voluntad, pero vuestro cuerpo es débil. Por segunda vez se fue y oró así: -Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, hágase tu voluntad. Cuando volvió, encontró de nuevo dormidos a los discípulos, porque los ojos se le cerraban de sueño. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entonces regresó adonde estaban los discípulos, y les dijo: -¿Aún seguís durmiendo y descansando? Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vámonos: ya se acerca el que me traiciona.” (Mateo 26: 36-46)
- “Después de esto, el Señor habló a Abram en una visión y le dijo: -No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa va a ser muy grande. Pero Abram le contestó: -Señor y Dios, ¿de qué me sirve que me des recompensa, si, como tú bien sabes, no tengo hijos? Como no me has dado ningún hijo, el heredero de todo lo que tengo va a ser Eliezer de Damasco, uno de mis criados. El Señor le contestó: -Tu heredero va a ser tu propio hijo, y no un extraño. Entonces el Señor llevó a Abram afuera, y le dijo: -Mira bien al cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues así será el número de tus descendientes.” (Génesis 15:1-5)
INTRODUCCIÓN
Sabemos que Dios nos escucha y que está siempre ahí, atento a nuestra oración y a nuestro clamor. El Señor no es en absoluto insensible a nuestras necesidades, las conoce y se preocupa genuinamente por ellas. Él mismo nos invita a que echemos toda nuestra ansiedad sobre Él y que le presentemos todas nuestras peticiones porque tiene cuidado de todas ellas. Jesús mismo nos indica que nuestro Dios tiene conocimiento de lo que precisamos y necesitamos mucho antes que nosotros, ni siquiera lo verbalicemos.
Entonces ¿Significa eso que siempre vamos a recibir todo aquello que le pidamos a Dios? La Biblia nos enseña dos cosas muy importantes en este sentido. La primera es que hay ciertos requisitos que deben cumplir nuestras oraciones. La segunda es que Dios siempre responde nuestra oración, lo cual, no significa que siempre responda como nosotros deseamos.
LOS REQUISITOS DE LA ORACIÓN
El primer requisito es que debemos dirigir nuestras oraciones en el nombre de Jesús. Jesús, su persona y obra es la razón por la cual nosotros nos podemos presentar de forma confiada ante el trono de la gracia. Jesús es la razón por la cual Dios acepta de buen grado nuestras oraciones. Si me permites la expresión, Jesús, su nombre, lo que éste significa, es la llave que nos abre la puerta del cielo para poder orar.
Hay un ejemplo que puede ayudar a entenderlo. Hace muchos años, cuando iba a casarme necesitaba dinero para todos los gastos que la boda y la puesta en marcha de un nuevo hogar implican. El problema es que no tenía historial bancario suficiente para que las entidades bancarias se fiaran de mí. No tenía absolutamente nada para avalar mi petición, por tanto, una tras otra puerta se iban cerrando ante mis peticiones. Hasta que un amigo de la familia, una persona muy rica y poderosa, nos dijo que fuéramos al banco y dijéramos que íbamos de su parte, en su nombre.
Así lo hicimos. Cuando llegamos y pedimos por el director de la entidad nos preguntaron quién quería verlo. Rápidamente mi esposa y yo dijimos en nombre de quién íbamos. Fue maravilloso, las puertas se abrieron y el crédito se concedió de forma automática. ¿La razón? No por quien nosotros éramos, simplemente en nombre de quién nos dirigíamos.
El segundo de los requisitos es orar con fe. La Palabra de Dios nos indica, tal y como hemos leído en el texto base, que sin fe, es decir, sin confianza, es imposible agradar a Dios. La fe no es un estado mental. No consiste en cerrar los ojos con fuerza y concentrarse en lo que estamos pidiendo. Ni siquiera es estar convencidos de que recibiremos lo que queremos.
Fe es confianza y lo importante de la fe es en quién está depositada. Orar con fe es tener la confianza de que nuestro Dios tiene la capacidad para hacer, como dice Pablo, mucho más allá de lo que nosotros somos capaces de creer y entender. La fe no consiste en la fuerza de nuestra convicción, más bien en el carácter todopoderoso y fiel de aquel que recibe nuestra oración.
Con frecuencia la fe se pone de manifiesto por nuestra insistencia en la oración. La parábola de la viuda y el juez injusto nos muestra la importancia de insistir e insistir, entre otras cosas, porque no conocemos el tiempo de Dios para cada oración y, además, porque nuestra insistencia muestra la importancia y seriedad de nuestra petición.
El tercer requisito de la oración es no tener pecado no confesado en nuestras vidas. El pecado rompe nuestra comunión íntima con el Señor. Hemos leído en los pasajes del texto base que el Señor no nos escucha cuando hay iniquidad en nuestro corazón. El pecado provoca un cortocircuito en nuestra comunicación con el Señor.
Dios es luz, nos dicen una y otra vez las Escrituras, y no puede haber tinieblas en Él. No podemos andar en la luz si hay pecado en nuestras vidas. Si hay pecado que no hemos confesado persistimos en las tinieblas y eso hace imposible la comunión con nuestro Dios.
Cuando hay pecado en nuestras vidas consentido y no confesado, únicamente la oración de confesión es recibida por el Señor. Una vez que somos limpios de todo pecado y ofensa podemos de nuevo, con libertad, dirigirnos a nuestro Dios en comunión.
La obediencia es el cuarto de los requisitos que debemos tener presentes cuando oramos. Es fácil tomar un versículo de la Biblia, sacarlo totalmente de su contexto y explicarlo fuera de la enseñanza general de la Escritura sobre un determinado tema.
Algunas personas toman las promesas de Jesús relacionadas con la oración y las reclaman para sí. Sin embargo, olvidan que estas promesas deben de interpretarse y tomarse a la luz de todo lo que se nos enseña en la Biblia con respecto a la oración.
Es verdad que la Palabra nos da la promesa que, pidamos todo lo que queramos y se nos dará. Pero también es cierto que esta promesa tiene una condición que debe cumplirse para que pueda ser efectiva. El mismo Jesús nos habla de permanecer en Él, de obedecerle.
La obediencia a la voluntad de Dios tal y como aparece expresada en su Palabra es un requisito para que la oración sea contestada. Dios no es una máquina de contestar oraciones. Él se complace en ministrar a sus hijos obedientes y diligentes en cumplir su voluntad.
Finalmente, un quinto requisito es pedir conforme a la voluntad de Dios. El Señor nos concede el gran don y privilegio de poder orar y pedir con total libertad. Todo puede ser presentado ante su presencia. Sin embargo, el creyente sabe que la oración contestada es aquella que se alinea con la voluntad de Dios.
El mismo Jesús nos mostró con claridad la pauta a seguir en este sentido. Cuando se encontraba en Getsemaní expresó con total claridad y libertad ante el Padre cuál era su deseo, si es posible, que pase de mí esta copa, pero a la vez sometió su deseo a la voluntad soberana del Padre, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.
Podemos pedirle a nuestro Dios todo aquello que consideremos justo. No podemos olvidar, no obstante, que debemos hacerlo con un claro reconocimiento y sometimiento a su voluntad.
CÓMO DIOS RESPONDE LA ORACIÓN
Piensa por un momento, si fueras un padre ¿le darías a tu hijo cualquier cosa que te pidiera? ¿Qué criterios seguirías para dar o para negar? Escribe tu respuesta de forma razonada.
Pensar en esto puede ayudarte a “entender” cómo Dios responde nuestras oraciones.
En ocasiones Dios responde que si.
En el texto base has estudiado el caso de Ana, la madre de Samuel. Fue petición al Señor fue tremendamente específica. Del mismo modo lo fue la respuesta, Ana quedó embarazadaza pesar de su esterilidad, y dio a luz un hijo, Samuel, que como sabemos fue dedicado al servicio del Señor.
En ocasiones Dios responde que no.
Mucho se ha discutido sobre el famoso “aguijón en la carne” del apóstol Pablo. Los estudiosos bíblicos no se ponen de acuerdo acerca de en qué consistía dicho aguijón. Algunos piensan que era una dolencia física, otros pensamos que se trataba de un problema de pecado persistente en la vida del gran evangelista y apóstol.
No lo sabemos con certeza. De lo que si estamos ciertos es que el Señor respondió con un ¡No rotundo! a su petición. Dentro de los planes de Dios aquel aguijón era una manera en que Él podía expresarle a Pablo su gracia y a éste le ayudaba a ser consciente de su debilidad y necesidad continuada del Señor.
Ya hemos hablado del caso de Jesús. Él también recibió una negativa por respuesta. Jesús tuvo la libertad de pedir y buscar alternativas, sin embargo, la respuesta del Señor fue contraria a sus deseos. El Maestro recibió un ¡No! como respuesta.
En ocasiones Dios responde que has de esperar.
Abraham quería tener un hijo. Recibió la promesa de que su descendencia sería numerosa como las estrellas y como la arena de la playa. Sin embargo, la respuesta de Dios tardó y tardó durante años.
Abraham y Sara se impacientaron y trataron de que las promesas del Señor se cumplieran con su ayuda. El resultado fue el nacimiento de Ismael, y las consecuencias de tan desastroso intento de ayudar a Dios todavía las seguimos experimentando hoy.
Dios quería dar un hijo a Abraham, pero a su tiempo, él necesitaba aprender a esperar.
PREGUNTAS DE OBSERVACIÓN
1 Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base ¿Qué te enseñan acerca de la oración, sus requisitos y la forma en que Dios responde?
PREGUNTAS DE INTERPRETACIÓN
1. ¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús?
2. ¿Por qué Dios no escucha nuestra oración si hay pecado sin confesar en nuestra vida?
3. ¿Qué significa tener pecado inconfesado en nuestra vida?
4. ¿Por qué la obediencia es un requisito importante para la oración contestada?
5. Explica con tus propias palabras 1 Juan 5:14-15
APLICACIÓN
1. Piensa en tu vida personal de oración y haz la siguiente evaluación
a. ¿Estás cumpliendo los requisitos para que tu oración sea contestada? ¿Hay alguno que deberías reconsiderar?
b. ¿Estás siguiendo el modelo de Jesús y sometiendo tus peticiones –que pueden ser legítimas- a que Él cumpla su voluntad?
c. Piensa en las oraciones que tienes pendiente de respuesta ¿es posible que el Señor te esté diciendo ¡Espera! en algunas de ellas?

No hay comentarios:
Publicar un comentario