sábado, 18 de octubre de 2008

DIFERENTES MANERAS DE HABLAR CON DIOS



ESTUDIO 3
DIFERENTES MANERAS DE HABLAR CON DIOS




IDEA CLAVE

Hay cuatro expresiones básicas o maneras diferentes de hablar con Dios: la confesión, la adoración, la súplica o petición y la acción de gracias.


TEXTO BASE


CONFESIÓN

  • “En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría. ¡Purifícame con hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Lléname de gozo y alegría; alégrame de nuevo aunque me has quebrantado. Aleja de tu vista mis pecados y borra todas mis maldades!. Oh Dios, ¡Pon en mí un corazón limpio!, ¡Dame un espíritu nuevo y fiel!” (Salmos 51:6-10)
  • “Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal y guíame por el camino eterno.” (Salmos 139: 23-24)
  • “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros, pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios hará lo que es justo: nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de todo mal.” (1 JUAN 1:8-9)
  • “El siempre procede con amor y verdad con quienes cumplen su pacto y sus mandamientos. Señor, es grande mi maldad; perdóname, haz honor a tu nombre.” (Salmos 25:10-11)
  • “¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas!” (Salmos 19:12)

ACCIÓN DE GRACIAS

  • “Altísimo Señor, ¡Qué bueno es darte gracias y cantar himnos en tu honor! Anunciar por la mañana y por la noche tu gran amor y fidelidad, al son de instrumentos de cuerda, con música suave de arpa y salterio.” (Salmos 92:1-2)
  • “El Señor es mi poderoso protector; en Él confié plenamente, y Él me ayudó. Mi corazón está alegre; cantaré y daré gracias al Señor.” (Salmos 28: 7)
  • “Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque su amor es eterno.” (Salmos 107:1)
  • “Te doy gracias y alabo tu grandeza, porque Tú eres mi Dios. Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque su amor es eterno.” (Salmos 118:28)
  • “Dad siempre gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:20)
  • “Dad gracias a Dios por todo, porque esto es lo que Él quiere de vosotros como creyentes en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:18)

INTERCESIÓN

  • “Oh Dios, a ti mi voz elevo, porque tú me contestas; préstame atención, escucha mis palabras. Dame una clara muestra de tu amor.” (Salmos 17:7-8a)
  • “Y Él nos dará todo lo que le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.” (1 Juan 3:22)
  • “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, Él nos oye. Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.” (1 Juan 5:15-15)
  • “No dejéis de orad: rogad y pedid a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Permaneced alerta, sin desanimaros, y orad por todo el pueblo de Dios.” (Efesios 6:18)

ADORACIÓN Y ALABANZA

  • “¡Alabado sea el Señor! La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios… En aquel momento quedé bajo el poder del Espíritu, y vi un trono en el cielo, y alguien estaba sentado en el trono. El que estaba sentado en el trono tenía el aspecto de una piedra de jaspe o de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris que brillaba como una esmeralda. También vi alrededor del trono otros veinticuatro tronos, en los cuales estaban sentados veinticuatro ancianos; iban vestidos de blanco, y llevaban una corona de oro en la cabeza. Del trono salían relámpagos, ruidos y truenos; y delante del trono ardían siete antorchas de fuego, que son los siete espíritus de Dios. Delante del trono había algo como un mar, transparente como el cristal… En el centro, donde estaba el trono, y a su alrededor, había cuatro seres vivientes… Y día y noche decían sin cesar: ¡Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso, el que era, que es y que ha de venir! Cada vez que esos seres vivientes dan gloria y honor y gracias al que está sentado en el trono, al que vive por todos los siglos, los veinticuatro ancianos se arrodillan ante Él y le adoran y, arrojando sus coronas delante del trono, dicen: Tú eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque Tú has creado todas las cosas; por tu voluntad existen y han sido creadas.” (Apocalipsis 19:1; 4:2-11)
  • “Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento; me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo. Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡Qué grande es tu fidelidad! Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mi; por eso en Él confío! El Señor es bueno con los que en Él confían, con los que a Él recurren.” (Lamentaciones: 3:22-25)
  • "Señor, soberano nuestro, ¡tu nombre domina en toda la tierra!, !tu gloria se extiende más allá del cielo!… Cuando veo el cielo que Tú mismo hiciste, y la luna y las estrellas que pusiste en él, pienso: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué le recuerdas y te preocupas por él? Pues le hiciste casi como un dios, le rodeaste de honor y dignidad, le diste autoridad sobre tus obras, le pusiste por encima de todo, sobre las ovejas y los bueyes, sobre los animales salvajes, sobre las aves que vuelan por el cielo, sobre los peces que viven en el mar, ¡sobre todo lo que hay en el mar! Señor, soberano nuestro ¡tu nombre domina en toda la tierra!" (Salmo 8)


INTRODUCCIÓN


Algunas veces después de haber pasado un buen rato hablando con Dios me he parado a pensar y me he dado cuenta que, tristemente, la mayor parte de mi tiempo la he pasado pidiendo y pidiendo. No únicamente pidiendo por mí, naturalmente, también pidiendo para otros, pero, al fin y al cabo sólo pidiendo.

Esto me llevó a pensar en qué triste sería la conversación con un amigo si éste única y exclusivamente dedicara el tiempo que pasáramos juntos a pedir, pedir y seguir pidiendo. ¿Hasta qué punto me resultaría agradable una relación así? Mejor dicho ¿Hasta qué punto me resultaría agradable una persona que únicamente pide, pide y pide cuando habla?

Como indicaba anteriormente es triste pero esto mismo nos puede pasar en nuestra relación con Dios, que nos centremos tanto en pedir –cosa normal por otro lado debido a tantas necesidades que existen- que nos olvidemos de otras cosas que podemos y debemos incluir en nuestro tiempo de conversación con Él.

Habrás comprobado que los versículos del texto base están agrupados bajo cuatro grandes temas: Confesión, acción de gracias, adoración y alabanza e intercesión. A lo largo de los siglos las comunidades cristianas han incluido estos cuatro aspectos en su oración hacia Dios, tanto en su expresión personal como comunitaria.

Este estudio tiene como finalidad explicarte de forma sencilla y breve cada una de estas cuatro formas de hablar con Dios y animarte a que las integres en tu propia relación personal con Él.

CONFESIÓN

Confesar es reconocer delante de Dios nuestro pecado. De hecho, la palabra griega que hemos traducido por confesión es homologeo. Homologeo significa, estar de acuerdo con Dios. Confesar es, por tanto, hablar con el Señor acerca de nuestro pecado y ponernos de acuerdo con Él respecto a la gravedad del mismo. Cuando confesamos reconocemos que nuestro pecado es algo grave y está mal, reconocemos que Cristo tuvo que morir por causa de nuestro pecado para que pudiéramos ser perdonados y, finalmente, nos arrepentimos, es decir, tomamos un firme compromiso de cambiar nuestras actitudes y acciones con respecto al pecado.

De hecho, si todos esos ingredientes no están presentes no hay una auténtica confesión, simplemente verbalizamos nuestros sentimientos de culpa.

Si has pecado habla con Dios sobre el tema. Ya leímos en otro estudio que Él es santo y, por tanto, no puede tolerar el pecado. Si nos negamos a confesar, nuestra comunión con el Señor quedará interrumpida y Él no estará atento a nuestras oraciones.

Algo que acostumbro a hacer es comenzar mi tiempo de conversación con Dios pidiéndole que su Espíritu Santo me examine y me ayude a ver si hay pecados en mi vida de los que no soy consciente y acerca de los cuales debería hablar con Él. Cuando hago esto, siempre dejo pasar tiempo para que Dios pueda ayudarme a ver mi interior y mi realidad.

El Salmo 51 fue escrito por David como una oración de confesión después de haber cometido dos terribles pecados –un adulterio y un homicidio para encubrirlo-, si lo deseas puede leer la historia en el segundo libro de Samuel en los capítulos 11 y 12. Me gustaría pedirte que leyeras el salmo y anotes todo lo que aprendas acerca de la confesión en el espacio provisto a continuación.


PREGUNTAS DE OBSERVACIÓN


1 Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base ¿Qué te enseñan acerca de la oración?

viernes, 17 de octubre de 2008

¿HAY ALGUIEN QUE ESCUCHE?



ESTUDIO 2
¿HAY ALGUIEN QUE NOS ESCUCHE?


IDEA CLAVE

Dios siempre escucha y responde nuestra oración, sin embargo no lo hace necesariamente de la forma en que nosotros deseamos. Todas nuestras oraciones y peticiones deben estar siempre subordinadas a que el Señor cumpla su voluntad.


TEXTO BASE
  • “Señor, tú escuchas la oración de los humildes, tú los animas y los atiendes” (Salmo 10:17)
  • “El Señor cuida de los hombre honrados, y presta oído a sus clamores. El Señor está en contra de los malhechores, para borrar de la tierra su recuerdo. El Señor atiende al clamor del hombre honrado, y le libra de todas sus angustias” (Salmo 34:15-17)
  • “Puse mi esperanza en el Señor, y él se inclinó para escuchar mis gritos; me salvó de la fosa mortal, me libró de hundirme en el pantano. Afirmó mis pies sobre una roca; dio firmeza a mis pisadas. Hizo brotar de mis labios un nuevo canto, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, se sintieron conmovidos y pusieron su confianza en el Señor” (Salmo 40:1-3)
  • “Oh Dios de Sión, ¡Tú eres digno de alabanza! ¡Tú mereces que te cumplan lo prometido, pues escuchas la oración! (Salmo 65: 1-2)
  • “Llámame y te responderé, y te anunciaré cosas grandes y misteriosas que tú ignoras” (Jeremías 33:3)
  • “Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que por el Hijo se manifieste la gloria del Padre” (Juan 14:13)
  • “Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros y os he encargado que vayáis y deis mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre os dará todo lo que le pidáis en mi nombre.” (Juan 15:16)
  • “Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios es necesario creer que existe y que recompensa a quienes le buscan.” (Hebreos 11:6)
  • “Pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada, porque el que duda es como las olas del mar, que el viento lleva de un lado a otro. Quien es así, no crea que va a recibir nada del Señor, porque el que hoy piensa una cosa y mañana otra, no es constante en su conducta.” (Santiago 1:6-7)
  • “Si yo tuviera malos pensamientos, el Señor no me habría escuchado; ¡Pero el me escuchó y atendió mis oraciones! (Salmo 66:18 y 19)
  • “Pero las maldades que habéis cometido han levantado una barrera entre vosotros y Dios; vuestros pecados han hecho que se cubra la cara y que no quiera oíros.” (Isaías 69:2)
  • “Si permanecéis unidos a mí. Y si permanecéis fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará.” (Juan 15:7)
  • “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, Él nos oye. Y así como sabemos que oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.” (1 Juan 5:14-15)
  • “Y Ana, llorando y con el alma llena de amargura, se puso a orar al Señor y le hizo esta promesa: “Señor todopoderoso: si te dignas contemplar la aflicción de esta sierva tuya, y te acuerdas de mí y me concedes un hijo, y lo dedicaré toda su vida a tu servicio, y en señal de esa dedicación no se le cortará el pelo. Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca; pero ella oraba mentalmente. No se escuchaba su voz; sólo se movían sus labios. Elí creyó entonces que estaba borracha, y le dijo: ¿Hasta cuándo vas a estar borracha? ¡Deja ya el vino! No es eso, señor –contestó Ana-. No es que haya bebido vino ni ninguna bebida fermentada, sino que me siento angustiada y estoy desahogando mi pena delante del Señor. No pienses que soy una mala mujer, sino que he estado orando todo este tiempo porque estoy preocupada y afligida. Vete en paz –le contestó Elí-, y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido. Muchas gracias contestó ella. Luego Ana regresó por donde había venido, y fue a comer, y nunca más volvió a estar triste. A la mañana siguiente madrugaron y, después de adorar al Señor regresaron a su casa en Ramá. Después Elcana se unió con su esposa Ana y el Señor tuvo presente su petición que ella le había hecho. Así Ana quedó embarazada, y cuando se cumplió el tiempo dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, porque se lo había pedido al Señor.” (1 Samuel 1: 10-20)
  • “Por eso, para que no creyera yo ser más de lo que soy por haber recibido revelaciones tan maravillosas, se me ha dado un sufrimiento, una especie de espina clavada en el cuerpo, que como un instrumento de Satanás vino a maltratarme. Tres veces le he pedido al Señor que me quites este sufrimiento, pero el Señor me ha dicho: “Mi gracia es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra mejor en los débiles”. Así que me alegro de ser débil, para que en mí se muestre el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuanto más débil me siento, tanto más fuerte soy.” (2 Corintios 12: 7-10)
  • “Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní, y les dijo: -Sentaos aquí mientras yo voy más allá a orar. Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse muy triste y angustiado. Les dijo: -Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quedaos aquí y permaneced despiertos conmigo. Y adelantándose unos pasos, se inclinó hasta el suelo y oró diciendo: -Padre mío, si es posible, líbrame de esta copa de amargura: pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Luego volvió adonde estaban los discípulos, y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: -¿Ni siquiera una hora habéis podido permanecer despiertos conmigo? Permaneced despiertos, y orad para no caer en tentación. Tenéis buena voluntad, pero vuestro cuerpo es débil. Por segunda vez se fue y oró así: -Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, hágase tu voluntad. Cuando volvió, encontró de nuevo dormidos a los discípulos, porque los ojos se le cerraban de sueño. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Entonces regresó adonde estaban los discípulos, y les dijo: -¿Aún seguís durmiendo y descansando? Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vámonos: ya se acerca el que me traiciona.” (Mateo 26: 36-46)
  • “Después de esto, el Señor habló a Abram en una visión y le dijo: -No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa va a ser muy grande. Pero Abram le contestó: -Señor y Dios, ¿de qué me sirve que me des recompensa, si, como tú bien sabes, no tengo hijos? Como no me has dado ningún hijo, el heredero de todo lo que tengo va a ser Eliezer de Damasco, uno de mis criados. El Señor le contestó: -Tu heredero va a ser tu propio hijo, y no un extraño. Entonces el Señor llevó a Abram afuera, y le dijo: -Mira bien al cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues así será el número de tus descendientes.” (Génesis 15:1-5)


INTRODUCCIÓN


Sabemos que Dios nos escucha y que está siempre ahí, atento a nuestra oración y a nuestro clamor. El Señor no es en absoluto insensible a nuestras necesidades, las conoce y se preocupa genuinamente por ellas. Él mismo nos invita a que echemos toda nuestra ansiedad sobre Él y que le presentemos todas nuestras peticiones porque tiene cuidado de todas ellas. Jesús mismo nos indica que nuestro Dios tiene conocimiento de lo que precisamos y necesitamos mucho antes que nosotros, ni siquiera lo verbalicemos.

Entonces ¿Significa eso que siempre vamos a recibir todo aquello que le pidamos a Dios? La Biblia nos enseña dos cosas muy importantes en este sentido. La primera es que hay ciertos requisitos que deben cumplir nuestras oraciones. La segunda es que Dios siempre responde nuestra oración, lo cual, no significa que siempre responda como nosotros deseamos.

LOS REQUISITOS DE LA ORACIÓN

El primer requisito es que debemos dirigir nuestras oraciones en el nombre de Jesús. Jesús, su persona y obra es la razón por la cual nosotros nos podemos presentar de forma confiada ante el trono de la gracia. Jesús es la razón por la cual Dios acepta de buen grado nuestras oraciones. Si me permites la expresión, Jesús, su nombre, lo que éste significa, es la llave que nos abre la puerta del cielo para poder orar.

Hay un ejemplo que puede ayudar a entenderlo. Hace muchos años, cuando iba a casarme necesitaba dinero para todos los gastos que la boda y la puesta en marcha de un nuevo hogar implican. El problema es que no tenía historial bancario suficiente para que las entidades bancarias se fiaran de mí. No tenía absolutamente nada para avalar mi petición, por tanto, una tras otra puerta se iban cerrando ante mis peticiones. Hasta que un amigo de la familia, una persona muy rica y poderosa, nos dijo que fuéramos al banco y dijéramos que íbamos de su parte, en su nombre.

Así lo hicimos. Cuando llegamos y pedimos por el director de la entidad nos preguntaron quién quería verlo. Rápidamente mi esposa y yo dijimos en nombre de quién íbamos. Fue maravilloso, las puertas se abrieron y el crédito se concedió de forma automática. ¿La razón? No por quien nosotros éramos, simplemente en nombre de quién nos dirigíamos.

El segundo de los requisitos es orar con fe. La Palabra de Dios nos indica, tal y como hemos leído en el texto base, que sin fe, es decir, sin confianza, es imposible agradar a Dios. La fe no es un estado mental. No consiste en cerrar los ojos con fuerza y concentrarse en lo que estamos pidiendo. Ni siquiera es estar convencidos de que recibiremos lo que queremos.

Fe es confianza y lo importante de la fe es en quién está depositada. Orar con fe es tener la confianza de que nuestro Dios tiene la capacidad para hacer, como dice Pablo, mucho más allá de lo que nosotros somos capaces de creer y entender. La fe no consiste en la fuerza de nuestra convicción, más bien en el carácter todopoderoso y fiel de aquel que recibe nuestra oración.

Con frecuencia la fe se pone de manifiesto por nuestra insistencia en la oración. La parábola de la viuda y el juez injusto nos muestra la importancia de insistir e insistir, entre otras cosas, porque no conocemos el tiempo de Dios para cada oración y, además, porque nuestra insistencia muestra la importancia y seriedad de nuestra petición.

El tercer requisito de la oración es no tener pecado no confesado en nuestras vidas. El pecado rompe nuestra comunión íntima con el Señor. Hemos leído en los pasajes del texto base que el Señor no nos escucha cuando hay iniquidad en nuestro corazón. El pecado provoca un cortocircuito en nuestra comunicación con el Señor.

Dios es luz, nos dicen una y otra vez las Escrituras, y no puede haber tinieblas en Él. No podemos andar en la luz si hay pecado en nuestras vidas. Si hay pecado que no hemos confesado persistimos en las tinieblas y eso hace imposible la comunión con nuestro Dios.

Cuando hay pecado en nuestras vidas consentido y no confesado, únicamente la oración de confesión es recibida por el Señor. Una vez que somos limpios de todo pecado y ofensa podemos de nuevo, con libertad, dirigirnos a nuestro Dios en comunión.

La obediencia es el cuarto de los requisitos que debemos tener presentes cuando oramos. Es fácil tomar un versículo de la Biblia, sacarlo totalmente de su contexto y explicarlo fuera de la enseñanza general de la Escritura sobre un determinado tema.

Algunas personas toman las promesas de Jesús relacionadas con la oración y las reclaman para sí. Sin embargo, olvidan que estas promesas deben de interpretarse y tomarse a la luz de todo lo que se nos enseña en la Biblia con respecto a la oración.

Es verdad que la Palabra nos da la promesa que, pidamos todo lo que queramos y se nos dará. Pero también es cierto que esta promesa tiene una condición que debe cumplirse para que pueda ser efectiva. El mismo Jesús nos habla de permanecer en Él, de obedecerle.

La obediencia a la voluntad de Dios tal y como aparece expresada en su Palabra es un requisito para que la oración sea contestada. Dios no es una máquina de contestar oraciones. Él se complace en ministrar a sus hijos obedientes y diligentes en cumplir su voluntad.

Finalmente, un quinto requisito es pedir conforme a la voluntad de Dios. El Señor nos concede el gran don y privilegio de poder orar y pedir con total libertad. Todo puede ser presentado ante su presencia. Sin embargo, el creyente sabe que la oración contestada es aquella que se alinea con la voluntad de Dios.

El mismo Jesús nos mostró con claridad la pauta a seguir en este sentido. Cuando se encontraba en Getsemaní expresó con total claridad y libertad ante el Padre cuál era su deseo, si es posible, que pase de mí esta copa, pero a la vez sometió su deseo a la voluntad soberana del Padre, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.

Podemos pedirle a nuestro Dios todo aquello que consideremos justo. No podemos olvidar, no obstante, que debemos hacerlo con un claro reconocimiento y sometimiento a su voluntad.


CÓMO DIOS RESPONDE LA ORACIÓN


Piensa por un momento, si fueras un padre ¿le darías a tu hijo cualquier cosa que te pidiera? ¿Qué criterios seguirías para dar o para negar? Escribe tu respuesta de forma razonada.

Pensar en esto puede ayudarte a “entender” cómo Dios responde nuestras oraciones.

En ocasiones Dios responde que si.

En el texto base has estudiado el caso de Ana, la madre de Samuel. Fue petición al Señor fue tremendamente específica. Del mismo modo lo fue la respuesta, Ana quedó embarazadaza pesar de su esterilidad, y dio a luz un hijo, Samuel, que como sabemos fue dedicado al servicio del Señor.

En ocasiones Dios responde que no.

Mucho se ha discutido sobre el famoso “aguijón en la carne” del apóstol Pablo. Los estudiosos bíblicos no se ponen de acuerdo acerca de en qué consistía dicho aguijón. Algunos piensan que era una dolencia física, otros pensamos que se trataba de un problema de pecado persistente en la vida del gran evangelista y apóstol.

No lo sabemos con certeza. De lo que si estamos ciertos es que el Señor respondió con un ¡No rotundo! a su petición. Dentro de los planes de Dios aquel aguijón era una manera en que Él podía expresarle a Pablo su gracia y a éste le ayudaba a ser consciente de su debilidad y necesidad continuada del Señor.

Ya hemos hablado del caso de Jesús. Él también recibió una negativa por respuesta. Jesús tuvo la libertad de pedir y buscar alternativas, sin embargo, la respuesta del Señor fue contraria a sus deseos. El Maestro recibió un ¡No! como respuesta.

En ocasiones Dios responde que has de esperar.

Abraham quería tener un hijo. Recibió la promesa de que su descendencia sería numerosa como las estrellas y como la arena de la playa. Sin embargo, la respuesta de Dios tardó y tardó durante años.

Abraham y Sara se impacientaron y trataron de que las promesas del Señor se cumplieran con su ayuda. El resultado fue el nacimiento de Ismael, y las consecuencias de tan desastroso intento de ayudar a Dios todavía las seguimos experimentando hoy.

Dios quería dar un hijo a Abraham, pero a su tiempo, él necesitaba aprender a esperar.


PREGUNTAS DE OBSERVACIÓN


1 Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base ¿Qué te enseñan acerca de la oración, sus requisitos y la forma en que Dios responde?



PREGUNTAS DE INTERPRETACIÓN


1. ¿Qué significa pedir en el nombre de Jesús?

2. ¿Por qué Dios no escucha nuestra oración si hay pecado sin confesar en nuestra vida?

3. ¿Qué significa tener pecado inconfesado en nuestra vida?

4. ¿Por qué la obediencia es un requisito importante para la oración contestada?

5. Explica con tus propias palabras 1 Juan 5:14-15


APLICACIÓN


1. Piensa en tu vida personal de oración y haz la siguiente evaluación

a. ¿Estás cumpliendo los requisitos para que tu oración sea contestada? ¿Hay alguno que deberías reconsiderar?

b. ¿Estás siguiendo el modelo de Jesús y sometiendo tus peticiones –que pueden ser legítimas- a que Él cumpla su voluntad?

c. Piensa en las oraciones que tienes pendiente de respuesta ¿es posible que el Señor te esté diciendo ¡Espera! en algunas de ellas?

¿QUÉ ES LA ORACIÓN? I



ESTUDIO 1
¿QUÉ ES LA ORACIÓN?



IDEA CLAVE


La oración es un diálogo entre dos personas que se aman.


TEXTO BASE

“Padre nuestro que estás en el cielo,
Santificado sea tu nombre.
Venga tu reino
Hágase tu voluntad en la tierra
Así como se hace en el cielo.
Danos hoy el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestras ofensas
Como también nosotros perdonamos
A quien nos ha ofendido.
Y no nos expongas a la tentación,
Sino líbranos del maligno.”

(Mateo 6: 9-13)

“Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre y no desanimarse. Les dijo:
-Había en un pueblo un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. En el mismo pueblo vivía también una viuda, que tenía un pleito y que fue al juez a pedirle justicia contra su adversario. Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero finalmente pensó: Yo no temo a Dios ni respeto a los hombres. Sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, la defenderé, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.
El Señor añadió:
-Esto es lo que dijo aquel juez. Pues bien, ¿acaso Dios no defenderá a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Os digo que los defenderá sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra? (Lucas 18: 1-8)

“Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro gran sumo sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos. Pues nuestro sumo sacerdote puede compadecerse de nuestras debilidades, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó. Acerquémonos, pues, con confianza, al trono de nuestro Dios amoroso, para que tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de la necesidad” (Hebreos 4: 14-16)


INTRODUCCIÓN


¿Qué es la oración? Antes de darte mi definición de oración me gustaría que pudieras pensar al respecto y escribieras en el espacio que tienes a continuación cuál es tu propia definición de oración. Hazlo por favor.

Pienso que la oración es simple y llanamente hablar con Dios. El doctor Bill Bright, uno de mis maestros espirituales y el fundador de Ágape (Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo en América Latina), afirmaba que la oración es el diálogo entre dos personas que se aman, Dios y tú mismo.

Es importante entender esto. La oración no es autosugestión. No se trata de verbalizar tus pensamientos en voz alta porque tiene un efecto terapéutico o sedante para el alma. La oración es verdaderamente hablar con alguien que nos ama, el Dios que ha creado y sostiene el universo, un padre amoroso que nos ama y que desea lo mejor del mundo para nosotros.

Si la oración es hablar con Dios, es importante que tengas una idea muy clara de con quién estás hablando.

Cuando piensas en Dios ¿Qué imágenes vienen a tu mente? ¿Cómo piensas que es Dios? Escríbelo.

Es muy importante que entiendas que cuando oras estás hablando con Dios, que Él está ahí y te está escuchando. Pero también es muy importante que tu idea de Dios esté basada en lo que enseña la Biblia, su propia Palabra.

En el libro de Éxodo, en su capítulo 20, encontramos el famoso pasaje de los diez mandamientos. En el mismo se nos dice que no debemos hacernos imágenes de Dios. Los cristianos de tradición reformada y evangélica hemos sido muy fieles en el cumplimiento de ese mandato bíblico y no tenemos una tradición de representar la figura de Dios o de Jesús.

Pero ¿Qué sucede con las imágenes mentales de Dios? Podemos incurrir en el pecado del que habla Éxodo cuando nuestra imagen mental, la manera en que pensamos acerca de Dios y lo visualizamos no se corresponde con lo que su Palabra nos enseña acerca de Él. En mi modesta opinión creo que las imágenes mentales falsas son más peligrosas que las imágenes físicas que representan a Dios.

Dios ha querido que le conozcamos, es más, en Jeremías 9:24 y 24 se nos anima y estimula a conocerle. Es por eso que a través de su Palabra nos ha dado información acerca de Él mismo y sus pensamientos y sentimientos hacia nosotros. Por esta razón el conocimiento de las Escrituras es tan imprescindible para nosotros.

A continuación encontrarás algunos fragmentos de las Escrituras, en ellos se habla acerca de cómo es Dios. Léelos, anota qué rasgos de su carácter aparecen en ellos reflejados y con una breve frase explica qué crees que significa ese rasgo. Un ejemplo puede ayudarte ¿verdad?


Característica
Explicación


Santo
Dios no tiene ningún defecto ni debilidad moral. Dios no conoce ni permite el pecado.

Bueno, espero que el ejemplo te haya sido de ayuda, ahora puedes rellenar el cuadro.



Pasaje Característica Explicación

Génesis 17:1

Deuteronomio 4:31

Deuteronomio 7:9

Nehemías 9:17

Isaías 6:3

1 Juan 4:8



HABLAR ACERCA DE TODO, EN TODO MOMENTO, EN TODO LUGAR


¿De qué puede hablarse con Dios? Todo es espiritual para el Señor. Para Él nos existen cosas sagradas y cosas profanas. El cristianismo rompe esa distinción y todo lo que sucede en nuestras vidas se convierte en espiritual a los ojos de nuestro Dios. Él nos conoce, sabe todo lo que pasa por nuestras mentes, está al día de nuestras inquietudes, nuestros sentimientos, miedos, alegrías, angustias y necesidades. Desde el momento en que las conoce dejan de ser cosas indiferentes para Él y, consecuentemente, podemos hablar acerca de todo ello con el Señor.

¿Es adecuado hablar con Dios acerca de nuestras necesidades o presiones sexuales? ¡Naturalmente! Él te ha creado a ti y a mí como seres dotados de sexualidad.

¿Es correcto comentarle nuestras inquietudes acerca de nuestro futuro profesional? ¡Por supuesto! Dios no es indiferente a nuestro futuro, además, tiene un plan para nuestras vidas y un propósito que desea cumplir (Salmo 138:8)

Hay ocasiones en mi vida que me asusto de los pensamientos que pueden asaltar mi mente, ahora bien, es un consuelo saber que puedo hablar libremente con Dios acerca de ellos y encontrar su ayuda, dirección, reprensión y ánimo.

Lo que quiero compartir contigo es que, con nuestro Dios, podemos hablar acerca de todo, absolutamente de todo. No hay temas que Él no pueda escuchar o comprender. Si la oración es un diálogo entre dos personas que se aman, todo puede ser traído a la presencia de aquel que nos amó hasta el punto de dar su vida por nosotros y que nos acepta de forma total e incondicional.

Cuando leemos la Biblia, encontramos personas que hablaron con Dios acerca de las más variadas cosas, tales como, la necesidad de paz para su país, salud física, protección contra sus enemigos, sabiduría para vivir la vida cotidiana, miedo acerca del futuro, ayuda para sus amigos, perdón para sus pecados, descendencia para su familia y un largo etcétera.

¿Cuándo podemos hablar con Dios? Si seguimos el consejo del apóstol Pablo, podemos y debemos orar en todo momento (1 Tesalonicenses 5:17) Cualquier hora del día es buena para comunicarse con nuestro Padre. Para mí, es muy difícil comenzar el día sin dedicar un tiempo a presentarle todas las actividades que tendré por delante y pedirle su presencia y dirección.

Pero también es cierto que a lo largo del día, además de mis tiempos “oficiales” o “formales” de oración, hay muchas situaciones y circunstancias que me invitan o me fuerzan a hablar con mi Padre celestial.

No hay estado emocional inadecuado para presentarnos ante el Señor en oración. Cuando estamos alegres y cuando estamos tristes. Cuando experimentamos miedo y cuando experimentamos paz. Cuando la angustia, la desesperación y la desesperanza nos visitan o cuando la alegría, el gozo, la satisfacción y la esperanza llenan de júbilo nuestros corazones.

No hay circunstancia inadecuada para poder hablar con Dios. En momentos de persecución, de disfrute del poder y el bienestar, en momentos buenos y en los difíciles, en situaciones adversas y también en las propicias.

¿Dónde podemos hablar con Dios? Había un viejo amigo mío que siempre decía que el cristianismo no tiene lugares santos, tiene únicamente personas santas. Es verdad. Desde el momento en que Dios vive en nosotros por medio de su Espíritu, nosotros nos hemos convertido en templos donde mora la divinidad.

Por tanto, allí donde estemos, podemos orar. Mis mejores tiempos de oración son corriendo o paseando en las playas y las calles de mi ciudad. Sé que la Biblia dice que cuando ores lo hagas en la soledad de tu habitación, allí donde nadie te ve. Estoy de acuerdo, pero yo no puedo. Para orar necesito espacios libres, necesito caminar o, como decía antes, necesito correr.

La verdad es que he orado en lugares muy insospechados, aviones, autobuses, trenes, conduciendo mi automóvil, iglesias, cafeterías, montañas, hogares, escuelas. Cualquier lugar es bueno para un diálogo con nuestro Padre de amor.

Recuerda, puedes hablar con aquel que te ama acerca de todo, en cualquier momento y en cualquier lugar

Las cortes de la antigüedad tenían un protocolo muy estricto. Si recuerdas el libro de Esther, se nos dice que ni siquiera la reina podía presentarse ante el monarca sin permiso de éste. De hacerlo sin haber sido llamada por el rey corría el riesgo de perder su propia vida.

Cuando la reina se presentaba sin previo aviso, únicamente si el rey extendía su cetro y la tocaba con el mismo la reina podía considerarse a salvo, en caso contrario era condenada a muerte.

Piensa por un momento en el salón del trono del imperio mayor y más grande que puedas visualizar. Imagínala llena a rebosar con todos los oficiales del reino. Allí, juntamente con el soberano se encuentran todos los miembros de su gobierno, los embajadores, los militares de más alta graduación, los consejeros, los gobernadores de todas y cada una de las provincias del vasto imperio, los representantes de otros países y reinos y todos los oficiales de palacio. Imagina todo ello rodeado de gran pompa, ceremonial, protocolo.

En ese momento el rey está concediendo audiencia al embajador de otro importante imperio. Reina un silencio absoluto y todos los asistentes están respetuosamente pendientes de la entrevista.

De repente, la puerta del gigantesco salón se abre, todas las miradas se dirigen hacia ella. Un niño entra corriendo y cantando, totalmente ajeno al rígido protocolo que hay a su alrededor. El niño se dirige hacia el trono, sube saltando los escalones y se pone a hablar con el rey. Automáticamente el rey deja todo lo que está haciendo, hace un gesto de complicidad al embajador y se pone a escuchar al niño, es su hijo y todo el reino se paraliza para que el monarca pueda oír lo que tiene que decirle.

Para mí esta es la imagen que nos transmite el pasaje de Hebreos que viste en el texto base. Eso es la oración, por medio de ella, podemos entrar con confianza en el salón del trono del universo, en cualquier momento, en cualquier circunstancia, para hablar de cualquier cosa, y el Rey del universo se detiene para escucharnos. Sin comentarios.


PREGUNTAS DE OBSERVACIÓN


1 Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base ¿Qué te enseñan acerca de la oración?


PREGUNTAS DE INTERPRETACIÓN


1. Escribe una lista de cosas acerca de las cuales no es posible hablar con Dios. Justifica tu el

2. Escribe una lista de sitios en los que no se puede hablar con Dios. Justifica, naturalmente, tu elección.

3. Escribe una lista de estados emocionales, circunstancias, situaciones en las cuales no es posible hablar con Dios. Justifica.

4. Después de haber completado tus listas ¿A qué conclusiones has llegado acerca de la oración?


APLICACIÓN


1. Si no lo estás haciendo, habla cada día con Dios. Cuando lo hagas no te limites a mencionarle únicamente cosas religiosas o “espirituales”. Dios está interesado en todos los aspectos de tu vida. Un consejo que puede ayudarte. Haz una lista de todas las cosas que te preocupan, sean presentes o futuras. Después, habla con el Señor acerca de todas ellas. Dile lo que sientes, piensas, te inquieta, etc.

2. Haz la prueba de hablar con Dios en situaciones informales, mientras caminas, corres, conduces tu coche, etc.