
ESTUDIO 3
DIFERENTES MANERAS DE HABLAR CON DIOS
IDEA CLAVE
Hay cuatro expresiones básicas o maneras diferentes de hablar con Dios: la confesión, la adoración, la súplica o petición y la acción de gracias.
TEXTO BASE
CONFESIÓN
- “En verdad, tú amas al corazón sincero, y en lo íntimo me has dado sabiduría. ¡Purifícame con hisopo y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Lléname de gozo y alegría; alégrame de nuevo aunque me has quebrantado. Aleja de tu vista mis pecados y borra todas mis maldades!. Oh Dios, ¡Pon en mí un corazón limpio!, ¡Dame un espíritu nuevo y fiel!” (Salmos 51:6-10)
- “Oh Dios, examíname, reconoce mi corazón; ponme a prueba, reconoce mis pensamientos; mira si voy por el camino del mal y guíame por el camino eterno.” (Salmos 139: 23-24)
- “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros, pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios hará lo que es justo: nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de todo mal.” (1 JUAN 1:8-9)
- “El siempre procede con amor y verdad con quienes cumplen su pacto y sus mandamientos. Señor, es grande mi maldad; perdóname, haz honor a tu nombre.” (Salmos 25:10-11)
- “¡Perdona, Señor, mis faltas ocultas!” (Salmos 19:12)
ACCIÓN DE GRACIAS
- “Altísimo Señor, ¡Qué bueno es darte gracias y cantar himnos en tu honor! Anunciar por la mañana y por la noche tu gran amor y fidelidad, al son de instrumentos de cuerda, con música suave de arpa y salterio.” (Salmos 92:1-2)
- “El Señor es mi poderoso protector; en Él confié plenamente, y Él me ayudó. Mi corazón está alegre; cantaré y daré gracias al Señor.” (Salmos 28: 7)
- “Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque su amor es eterno.” (Salmos 107:1)
- “Te doy gracias y alabo tu grandeza, porque Tú eres mi Dios. Dad gracias al Señor, porque Él es bueno, porque su amor es eterno.” (Salmos 118:28)
- “Dad siempre gracias a Dios Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (Efesios 5:20)
- “Dad gracias a Dios por todo, porque esto es lo que Él quiere de vosotros como creyentes en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:18)
INTERCESIÓN
- “Oh Dios, a ti mi voz elevo, porque tú me contestas; préstame atención, escucha mis palabras. Dame una clara muestra de tu amor.” (Salmos 17:7-8a)
- “Y Él nos dará todo lo que le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.” (1 Juan 3:22)
- “Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, Él nos oye. Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.” (1 Juan 5:15-15)
- “No dejéis de orad: rogad y pedid a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Permaneced alerta, sin desanimaros, y orad por todo el pueblo de Dios.” (Efesios 6:18)
ADORACIÓN Y ALABANZA
- “¡Alabado sea el Señor! La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios… En aquel momento quedé bajo el poder del Espíritu, y vi un trono en el cielo, y alguien estaba sentado en el trono. El que estaba sentado en el trono tenía el aspecto de una piedra de jaspe o de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris que brillaba como una esmeralda. También vi alrededor del trono otros veinticuatro tronos, en los cuales estaban sentados veinticuatro ancianos; iban vestidos de blanco, y llevaban una corona de oro en la cabeza. Del trono salían relámpagos, ruidos y truenos; y delante del trono ardían siete antorchas de fuego, que son los siete espíritus de Dios. Delante del trono había algo como un mar, transparente como el cristal… En el centro, donde estaba el trono, y a su alrededor, había cuatro seres vivientes… Y día y noche decían sin cesar: ¡Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso, el que era, que es y que ha de venir! Cada vez que esos seres vivientes dan gloria y honor y gracias al que está sentado en el trono, al que vive por todos los siglos, los veinticuatro ancianos se arrodillan ante Él y le adoran y, arrojando sus coronas delante del trono, dicen: Tú eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque Tú has creado todas las cosas; por tu voluntad existen y han sido creadas.” (Apocalipsis 19:1; 4:2-11)
- “Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento; me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo. Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡Qué grande es tu fidelidad! Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mi; por eso en Él confío! El Señor es bueno con los que en Él confían, con los que a Él recurren.” (Lamentaciones: 3:22-25)
- "Señor, soberano nuestro, ¡tu nombre domina en toda la tierra!, !tu gloria se extiende más allá del cielo!… Cuando veo el cielo que Tú mismo hiciste, y la luna y las estrellas que pusiste en él, pienso: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué le recuerdas y te preocupas por él? Pues le hiciste casi como un dios, le rodeaste de honor y dignidad, le diste autoridad sobre tus obras, le pusiste por encima de todo, sobre las ovejas y los bueyes, sobre los animales salvajes, sobre las aves que vuelan por el cielo, sobre los peces que viven en el mar, ¡sobre todo lo que hay en el mar! Señor, soberano nuestro ¡tu nombre domina en toda la tierra!" (Salmo 8)
INTRODUCCIÓN
Algunas veces después de haber pasado un buen rato hablando con Dios me he parado a pensar y me he dado cuenta que, tristemente, la mayor parte de mi tiempo la he pasado pidiendo y pidiendo. No únicamente pidiendo por mí, naturalmente, también pidiendo para otros, pero, al fin y al cabo sólo pidiendo.
Esto me llevó a pensar en qué triste sería la conversación con un amigo si éste única y exclusivamente dedicara el tiempo que pasáramos juntos a pedir, pedir y seguir pidiendo. ¿Hasta qué punto me resultaría agradable una relación así? Mejor dicho ¿Hasta qué punto me resultaría agradable una persona que únicamente pide, pide y pide cuando habla?
Como indicaba anteriormente es triste pero esto mismo nos puede pasar en nuestra relación con Dios, que nos centremos tanto en pedir –cosa normal por otro lado debido a tantas necesidades que existen- que nos olvidemos de otras cosas que podemos y debemos incluir en nuestro tiempo de conversación con Él.
Habrás comprobado que los versículos del texto base están agrupados bajo cuatro grandes temas: Confesión, acción de gracias, adoración y alabanza e intercesión. A lo largo de los siglos las comunidades cristianas han incluido estos cuatro aspectos en su oración hacia Dios, tanto en su expresión personal como comunitaria.
Este estudio tiene como finalidad explicarte de forma sencilla y breve cada una de estas cuatro formas de hablar con Dios y animarte a que las integres en tu propia relación personal con Él.
CONFESIÓN
Confesar es reconocer delante de Dios nuestro pecado. De hecho, la palabra griega que hemos traducido por confesión es homologeo. Homologeo significa, estar de acuerdo con Dios. Confesar es, por tanto, hablar con el Señor acerca de nuestro pecado y ponernos de acuerdo con Él respecto a la gravedad del mismo. Cuando confesamos reconocemos que nuestro pecado es algo grave y está mal, reconocemos que Cristo tuvo que morir por causa de nuestro pecado para que pudiéramos ser perdonados y, finalmente, nos arrepentimos, es decir, tomamos un firme compromiso de cambiar nuestras actitudes y acciones con respecto al pecado.
De hecho, si todos esos ingredientes no están presentes no hay una auténtica confesión, simplemente verbalizamos nuestros sentimientos de culpa.
Si has pecado habla con Dios sobre el tema. Ya leímos en otro estudio que Él es santo y, por tanto, no puede tolerar el pecado. Si nos negamos a confesar, nuestra comunión con el Señor quedará interrumpida y Él no estará atento a nuestras oraciones.
Algo que acostumbro a hacer es comenzar mi tiempo de conversación con Dios pidiéndole que su Espíritu Santo me examine y me ayude a ver si hay pecados en mi vida de los que no soy consciente y acerca de los cuales debería hablar con Él. Cuando hago esto, siempre dejo pasar tiempo para que Dios pueda ayudarme a ver mi interior y mi realidad.
El Salmo 51 fue escrito por David como una oración de confesión después de haber cometido dos terribles pecados –un adulterio y un homicidio para encubrirlo-, si lo deseas puede leer la historia en el segundo libro de Samuel en los capítulos 11 y 12. Me gustaría pedirte que leyeras el salmo y anotes todo lo que aprendas acerca de la confesión en el espacio provisto a continuación.
PREGUNTAS DE OBSERVACIÓN
1 Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base ¿Qué te enseñan acerca de la oración?


